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Archivos de la categoría: Mujer

Día de la lectura en Andalucía

 

El Día de la Lectura en Andalucía fue instituido por la Junta de Andalucía el 16 de diciembre, día del nacimiento del poeta Rafael Alberti y fecha del homenaje a Góngora celebrado en el Ateneo de Sevilla en 1927 que daría lugar a la Generación del 27, reunión en la que, además de Alberti, participaron Lorca, Bergamín, Cernuda, Gerardo Diego o Dámaso Alonso.

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MARZO. TIEMPO DE MUJERES. MUJERES EN EL TIEMPO

Compartimos nuestro expositor temático. Todos los libros están disponibles en préstamo.

Queremos compartir esta interesante calendario editado y publicado por la Organización de Mujeres STES.

Mujeres en la literatura.Ana María Matute

Ana María Matute Ausejo ​​​ fue una novelista española miembro de la Real Academia Española —donde ocupó el asiento «K»— que en 2010 obtuvo el Premio Cervantes

Mujeres en la literatura. María Zambrano

María Zambrano Alarcón ​ fue una intelectual, filósofa y ensayista española.​ Su extensa obra, entre el compromiso cívico y el pensamiento poético, no fue reconocida en España hasta el último cuarto del siglo XX, tras un largo exilio

http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-memoria-fertil/memoria-fertil-maria-zambrano/2798743/

Día de la Mujer. Lolo Rico, la niña que soñó con una bola de cristal

—Mamá, ¿Puedo ver dibujitos?

—Porque es sábado y no hay cole, pero solo un rato, ¿eh?

—Vaaaaaaaaaale.

Al cabo de un rato. —Bueno, Isabel, ya está.

—Un poco más, porfaaaaaa. Un rato así de pequeñitoooooooo.

—Tienes quince segundos para imaginar, si no se te ha ocurrido nada, a lo mejor deberías ver menos la tele —respondió la madre.

—¿Qué?

—Eso lo decían en un programa de la tele que yo veía cuando era pequeña. Era mi favorito. Lo ponían los sábados por la mañana, se llamaba La Bola de Cristal.

Isabel apartó la mirada de la tele por un momento y se volvió hacia su madre.

—¿Salían brujas? —preguntó con cierto interés.

—Pues claro, una muy mala y fea que se llamaba la Bruja Avería, tenía el pelo lleno de cables y siempre decía: “¡Qué mala, pero qué mala soy!” Y soltaba rayos catódicos que hacían desaparecer las cosas.

—¡Ja! ¿En serio?

—Sí. A la Bruja Avería la acompañaban unos bichejos muy traviesos que hacían todo tipo de gamberradas y conseguían que las aspiradoras funcionasen solas y que las batidoras hicieran huelga de puré de verduras (¡puaj!). Se llamaban los Electroduendes.

—¡Abajo el puré de verduras! —dijo Isabel riendo.

—Lo mejor era que esa bruja y sus Electroduendes nos contaban las cosas que estaban pasando a nuestro alrededor ¡que eran un montón! Por fin se había acabado una dictadura muy larga y triste que había habido en España y la gente empezaba a respirar un poco de libertad… En la calle, de repente, los trajes oscuros de los señores y las faldas que vestían las señoras se habían convertido en vaqueros rotos y minifaldas súper cortas. Las chicas ya no llevaban tacones, ¡llevaban botas! y los chicos se habían dejado el pelo largo y se ponían pendientes. Además, ya no solo se escuchaba la música esa que te deja un poco dormido, sino rock and roll a tope… se estaba viviendo una explosión creativa que todavía se recuerda como La Movida Madrileña y Lolo Rico quiso meter todo eso en la Bola de Cristal.

—¿Quién es Lolo Rico?

—Pues la creadora del programa. Era escritora de cuentos, guionista y directora de muchos programas de radio y televisión. Su gran especialidad eran los niños. Había tenido siete hijos, así que los conocía muy bien ¿no crees?

Sabía que a los niños no les gusta que les hablen como si fuesen bebés, y se empeñó en tratarlos como personas que pueden pensar por sí mismas y en enseñarles a ser críticos.

Su programa era como una tarta: una capa de bizcocho, una capa de chocolate y una capa de fresa, para que quien tuviera la boca más grande, mordiera más.

Los más pequeños nos lo pasábamos pipa con La Bruja Avería y los Electroduendes. A los más mayores les encantaba cuando hablaban de cine, de libros muy guays o de música… ¡la música era genial! La presentadora era Alaska, una cantante muy famosa que llevaba el pelo lleno de trenzas de colores. Los cantantes y artistas más vanguardistas del momento, que eran amigos de Lolo, componían canciones super chulas para el programa. Porque ya sabes: ¡Solo no puedes, con amigos sí!

—Seguro que a Lolo Rico también le gustaban los dibujitos de pequeña, ¿no mamá?

—Bueno, cuando ella era pequeña no había tele, o no como ahora, pero seguro que le hubieran gustado. Lo que sí le gustaba era leer. Las historias y los libros le chiflaban. Era una suertuda. Su familia vivía con muchas comodidades; así que su padre le regalaba todos los libros que quería. Además, la animaba mucho a leer.

Cuando se hizo mayor, empezó a comprender que no todo el mundo tenía la misma suerte que ella y se dio cuenta de que a menudo las cosas son injustas. Quiero decir, más fáciles para algunos y muy difíciles para otros, sin ningún motivo.

Y como en la Bola de Cristal se hablaba de todo, eso también quiso contarlo, aunque le causó problemas…

—¿Por qué?

Algunos niños, los más pequeños, cuando la Bruja Avería decía cosas como “Viva el mal, viva el capital” no nos dábamos cuenta, claro; pero otros sí notaban que en realidad estaban hablando de política. Y, bueno, eso que todavía hoy sería muy raro en un programa infantil, a algunas personas mayores no les molaba mucho.

Así que un día mandaron a una persona a vigilar todo lo que se decía en el programa y al final guardaron la bola en una caja de cartón y ya nunca más hubo programa.

—¡Qué pena, mamá!

Pues sí, pero, aunque solo habían pasado cuatro años, el gusanillo de la Bola de Cristal ya se había metido para siempre en el cuerpo de millones de niños, porque se había convertido en el programa más famoso de la televisión que nos «desenseñó a desaprender cómo se deshacen las cosas”.

Y así fue como María Dolores Rico Oliver, Lolo Rico, se convirtió en una pionera de la radio y la televisión en España. Fue la primera mujer directora de un programa de televisión y responsable del área de programas infantiles y juveniles de TVE. Con su espíritu transgresor, creó programas icónicos que forman parte de la memoria colectiva de varias generaciones.

 

 

Día de la Mujer. Pilar Careaga, la maquinista valiente

Pilar Careaga, la maquinista valiente que no temía lo nuevo

CUENTO: PILAR VELASCO | ILUSTRACIÓN: MARÍA REQUENA

Ese día, en el tren que iba de Madrid a Bilbao había un revuelo fuera de lo habitual. Los pasajeros cuchicheaban y empezaban a asomarse por las ventanillas del vagón.

—¿Qué pasa?

—Dicen por ahí que una mujer va conduciendo la locomotora…

—¿Una mujer maquinista? No puede ser.

Al llegar a la siguiente estación, ya no quedaba ni un pasajero sentado en su asiento, todos intentaban ver algo por las ventanillas del tren.

Al parecer había un reportero y un fotógrafo entrevistando a una chica joven, vestida como si fuera a pilotar un avión: pantalón bombacho, chaqueta azul, y unas enormes gafas colocadas sobre la cabeza.

—Señorita, ¿qué se siente al ser la primera mujer maquinista de la historia?

Pilar ya estaba acostumbrada a que le preguntaran esas cosas. En esa época, casi ninguna chica estudiaba en la universidad, pero ella lo tenía claro desde pequeña. Siempre le habían encantado las matemáticas y la mecánica y a los trece años ya había decidido que quería ser ingeniera industrial. Su padre le advirtió que tendría que estudiar mucho, pero eso no le asustaba. Pilar pasó todos los cursos y al llegar al último, tenía que hacer prácticas. Ella las hizo nada más y nada menos que conduciendo el ferrocarril.

Mientras revisaba las enormes ruedas de la locomotora la gente la miraba de reojo. A todos les sorprendía la seguridad de la joven ingeniera. Apoyaba un pie sobre la armadura metálica del vagón, movía la palanca de cambios y, con sus grandes guantes amarillos, manipulaba con esfuerzo el regulador. Al terminar se sacudió las manos satisfecha:

—¡Todo listo!

Un grupo de niñas que paseaba por la estación se acercó a Pilar. Se pararon frente a ella y la miraron de arriba abajo.

—¿Eres un chico o una chica? —le preguntaron.

—Una chica, dijo Pilar.

—Pero las chicas no llevan pantalones, ni conducen trenes.

—¿Y eso quién lo ha dicho? Yo creo que las chicas pueden hacer lo que quieran, solo tienen que proponérselo. Así que ya podéis ir pensando qué queréis hacer cuando seáis mayores.

—¿Y acabar llenas de polvo como tú?

—Ah, yo también odio el carbón, no se va hasta el cuarto o quinto baño. Pero qué me decís de llevar a la gente de una ciudad a otra, de ver tantos paisajes, ciudades y pueblos, y de atravesar el viento a toda velocidad sobre esta máquina de acero.

Las niñas se fueron, no muy convencidas.

El reportero le pidió que posara para otra foto.

—Y dígame, señorita, ¿no piensa usted casarse? —le preguntó el reportero.

—¡Pues claro! en cuanto termine las prácticas y la carrera y encuentre un trabajo, seguro que tendré más tiempo libre.

Entre foto y foto, Pilar subió al vagón, arrancó la locomotora de vapor y el tren siguió su camino hacia Bilbao a toda máquina.

Y así fue como Pilar Careaga y Basabe se convirtió en la primera ingeniera de España -dio nombre al curso que se conocería como “la promoción de Pilar”- y en la primera mujer en conducir una locomotora. Y no solo eso, también se dedicó a la política, ¡y hasta fue alcaldesa! Pero esa ya es otra historia…

 

 

Mujeres en la literatura. Gloria Fuertes

Simpática, triste, tímida y más inteligente que lista.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/programas-y-concursos-en-el-archivo-de-rtve/escritores-gloria-fuertes-1977/3943462/

Día de la mujer. Qué ver y leer

Compartimos estas sugerencias para ver y leer  no solo en esta fecha tan importante sino a lo largo de nuestras vidas y así hacer regalos a nuestra memoria.

 

https://padlet.com/kharmae/k28ikd2wty8ye3y1/wish/1267646343

https://padlet.com/kharmae/k28ikd2wty8ye3y1/wish/1267699821

https://padlet.com/kharmae/k28ikd2wty8ye3y1/wish/1265592436

La mujer y la niña en la ciencia

 

EL CUENTO DE LA CIENTÍFICA Y EL GUISANTE

 

http://institucional.us.es/cientificas/comic/

 

 

 

13 Audicuentos de mujeres científicas

Día de la mujer. Sor Juana Inés de la Cruz

Sor Juana Inés de la Cruz, el mejor escritor de América fue una chica

CUENTO: ANGÉLICA RUIZ | ILUSTRACIÓN: ULISES CULEBRO

Hace muchos años, en una aldea mexicana al pie de dos volcanes, una niña muy pequeña llamada Juana se presentó ante su mamá en la cocina de su casa vestida de chico y dijo:

—Mami, quiero que me cortes el pelo como un niño.

Su madre Isabel, sorprendida, dejó de moler el maíz y se giró para mirarla.

—Pero Juanita, cariño, ¿por qué te has vestido así? ¿Y para qué quieres cortarte esa melena tan bonita y larga?

—Quiero ser como un chamaco para poder ir a ese colegio al que solo van ellos que se llama universidad.

—Juana, amor mío, eso no puede ser, aunque te corte el pelo, la universidad es para los hombres. Además, solo tienes cinco años.

—Pero ya sé leer, mami.

—Amor, no puede ser. A tu hermana mayor le enseñan en casa y, aun así, apenas sabe deletrear ¿Cómo has podido aprender?

—Mirando desde la puerta la pizarra de la profesora.

En aquella ocasión, su mamá la calmó y no le cortó el pelo.

Pero la niña no se rindió: si no podía ir a la universidad, aprendería sola con los libros de la gran biblioteca que tenía su abuelo Pedro.

Juana, a pesar de su corta edad, estudiaba allí materias muy difíciles, como latín, el idioma en el que estaban escritos los libros más importantes, para así poder leerlos todos. Y cuando jugaba con otros niños de su pueblo, hablaba con ellos náhuatl, la lengua de los mexicanos.

Juana tenía un truco para motivarse: cuando no se aprendía la lección a tiempo, se cortaba mechones de pelo con una tijera porque “el pelo crece deprisa y yo aprendo despacio”. Y como ya no quería parecer un chico ni hacerse escabechinas en su cabello, conseguía ser la estudiante más veloz.

Entre libro y libro escribía poesías muy bonitas y sabía tantas cosas que empezó a trabajar para los virreyes, que eran las personas que más mandaban en México. En aquella corte, una vez la examinaron los doctores más sabios de la universidad para ver si era tan lista como decía su jefa y amiga la virreina. Juana sacó un diez, porque contesto bien a todas las preguntas.

Por aquellos días, cuando una chica cumplía quince años tenía que elegir entre casarse o hacerse monja y pasar el resto de su vida encerrada en un convento.

¿Sabes qué hizo Juana? Prefirió ser monja.

Y Juana Inés Ramírez pasó a ser conocida como sor Juana Inés de la Cruz. Desde su celda en el convento, se dedicó por entero a leer, a estudiar y a escribir algunos de los textos más bellos, ingeniosos e importantes de nuestro idioma.

Y, por si no lo sabías, para ser monja tuvo que… cortarse mucho el pelo.

Y así fue como, a pesar de vivir en un mundo en el que las mujeres eran consideradas inferiores, Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, más conocida como sor Juana Inés de la Cruz, se convirtió en una persona muy culta y en la escritora más importante del Siglo de Oro en América. Admirada por todo el mundo en México y en España, hasta el punto de que, en honor a esta mujer tan portentosa, algunos billetes mexicanos actuales llevan impreso su rostro.